Un sendero de polvo, callado y eterno,conduce a la casa de techo de palma,donde el viento susurra recuerdos lejanosy el árbol altivo sus sombras derrama.El cerco de madera, curtido en los años,abraza el paisaje con rústico encanto,mientras el sol dora tejados y sueños,y el campo despierta con su manso canto.Silencio y raíces, hogar y memoria,la vida aquí danza sin prisa ni gloria.Bajo este cielo de azul infinito,late un mundo sencillo, pero bendito.Siete estrofas
Cambiar fondo del poema
Un sendero de polvo, callado y eterno,
conduce a la casa de techo de palma,
donde el viento susurra recuerdos lejanos
y el árbol altivo sus sombras derrama.
El cerco de madera, curtido en los años,
abraza el paisaje con rústico encanto,
mientras el sol dora tejados y sueños,
y el campo despierta con su manso canto.
Silencio y raíces, hogar y memoria,
la vida aquí danza sin prisa ni gloria.
Bajo este cielo de azul infinito,
late un mundo sencillo, pero bendito.
El río murmura historias del pasado,
la tierra exhala aromas de antaño.
Aquí la calma teje su relato,
en cada hoja, en cada canto de pájaro.
Las estrellas vigilan noches serenas,
con ojos que guardan secretos perdidos.
La luna rasga un velo de niebla,
y acaricia el techo de sueños dormidos.
Caminante, escucha la voz del sendero,
que la tierra antaño susurró en secreto.
Es la música del viento, el canto sincero,
de un mundo sin tiempo, pero lleno de afecto.
Y así, en estos rincones de historia,
poesía y vida mezclan sus huellas.
Aquí resplandece, más que en la gloria,
la riqueza sencilla de las cosas bellas.