Siempre estás allí; aunque no te tenga, ni te sientas.Aunque mis ojos no te vean; yo se que estás impregnado, como el aroma en las floresSeis estrofas
Cambiar fondo del poema
En el silencio eterno te hallo,
como brisa suave que roza el alma.
No puedo tocarte, ni verte claro,
pero tu esencia nunca se calma.
Eres el eco en mi pensamiento,
susurro dulce que nunca mengua.
Invisible, siempre en movimiento,
luz que mi sombra cada vez sella.
Aunque mis ojos no te contemplen,
sé que en mi ser estás tatuado.
Como un perfume que nunca muere,
dejas tu rastro siempre dorado.
En cada paso, cada latido,
en la distancia, allí te encuentro.
Aunque perdido, nunca perdido,
pues tu presencia es mi epicentro.
Eres la voz entre susurros,
canción lejana que nunca olvido.
Y aunque el mundo ponga sus muros,
tu esencia en mí nunca es descuido.
Por siempre en el viento, en el alma,
como las flores que exhalan vida,
aunque tus manos no tengan calma,
sé que en mi vida eres mi guía.