Siempre estás allí; aunque no te tenga, ni te sientas.Aunque mis ojos no te vean; yo se que estás impregnado, como el aroma en las floresSeis estrofas
Cambiar fondo del poema
Siempre estás allí, en silencio puro,
aunque no te tenga en brazos seguros,
ni el tacto sutil de tu esencia dura,
como el aroma en flores que murmuro.
Invisible al ojo, etéreo encanto,
sigiloso en el aire, danzas y callas,
más sé que existes, sin sombra ni canto,
y mi alma en tus notas halla sus playas.
Te respira el viento en sutil instante,
caricias de bruma en piel que se eriza,
como el rocío en la flor, constante,
yo sé de tu esencia aunque no te avisa.
Inmerso en el tiempo y en los respiros,
eres como un río que nunca cesa,
la corriente muda que entre los giros
parece ausente, pero nunca cesa.
Aromas de jardines que perfuman,
llenan el vacío con su presencia;
tú, sin ser materia, igual eres suma,
bálsamo que nutre y hace conciencia.
Así en lo invisible, suave, persistes,
con el alma llena y el corazón fiel,
como el viento que incansable asistes,
aunque no te tenga, siempre eres fiel.