Aunque no te vea, ni te sienta cerca,sé que habitas en el alma, sin tregua.Como el aroma que en la flor se queda,tu esencia impregna cada nueva senda.No necesito tus ojos para verte,ni tus manos para sentir tu fuertepresencia, que en mi ser se vierte,como un río que jamás se advierte.Eres la brisa que acaricia mi piel,la melodía que en silencio hace miel,la sombra que me guarda del cruelmundo, donde el dolor es un dosel.Aunque ausente, tu amor es mi sostén,un lazo invisible que me mantiene en bien,una promesa que nunca se va a ir, amén,porque en mi corazón, siempre estás, Edén.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
Aunque no te vea, ni te sienta cerca,
sé que habitas en el alma, sin tregua.
Como el aroma que en la flor se queda,
tu esencia impregna cada nueva senda.
No necesito tus ojos para verte,
ni tus manos para sentir tu fuerte
presencia, que en mi ser se vierte,
como un río que jamás se advierte.
Eres la brisa que acaricia mi piel,
la melodía que en silencio hace miel,
la sombra que me guarda del cruel
mundo, donde el dolor es un dosel.
Aun en la distancia, un faro encendido,
tu luz eterna guía mi camino,
un sendero que se revela destino,
sin prisa, ni afán, santo y divino.
Aunque ausente, tu amor es mi sostén,
un lazo invisible que me mantiene en bien,
una promesa que nunca se va a ir, amén,
porque en mi corazón, siempre estás, Edén.
En cada latido susurras mi nombre,
lo imperfecto se transforma en lo noble,
y aunque el universo se consuma y desdoble,
tu amor es el verso que el alma logre.