En tierras fértiles y calladas,donde el Bugre canta al pasar,florece Carolina dorada,con su gente y su gran sembrar.Los campos visten verde y oro,arroz y maíz crecen sin fin,la yuca en surcos de buen modo,bajo un sol que besa el confín.Las redes danzan en las aguas,pesca y sustento en un vaivén,la ciénaga cubre sus fraguas,donde el río es un edén.Camino firme de esperanza,vía nueva, sueño y andar,el pueblo avanza, fe y bonanza,sin temor de retroceder más.Al son del porro, con tambores,la danza rompe el atardecer,alegres risas y colores,que el viento no deja de tejer.Carolina, voz y semilla,latido noble del Sinú,llevas en sangre la maravillade un pueblo fuerte y de gran virtud.Y así, entre campo y melodía,crece un futuro sin final,donde la historia cada díase escribe en su canto inmortal.Siete estrofas
Cambiar fondo del poema
En tierras fértiles y calladas,
donde el Bugre al pasar va a cantar,
florece Carolina dorada,
con su gente y su arte de sembrar.
Los campos visten verde y oro,
arroz y maíz crecen sin fin,
la yuca en surcos de buen modo,
bajo un sol que besa el confín.
Las redes danzan en las aguas,
pesca y sustento en un vaivén,
la ciénaga cubre sus fraguas,
donde el río es todo un edén.
Camino firme de esperanza,
vía nueva, sueño y andar,
el pueblo avanza, fe y bonanza,
sin temor de retroceder más.
Al son del porro, con tambores,
la danza rompe el atardecer,
alegres risas y colores,
que el viento no deja de tejer.
Carolina, voz y semilla,
latido noble del Sinú,
llevas en sangre la maravilla
de un pueblo fuerte y de gran virtud.
Y así, entre campo y melodía,
crece un futuro sin final,
donde la historia cada día
se escribe en su canto inmortal.