Los bordes de tus labios, suave abismo,dibujan en la brisa un dulce hechizo,caminos de deseo y de heroísmo,umbrales de un amor jamás sumiso.Como el ocaso besa al mar callado,así mi alma busca tu contorno,y en cada curva, un verso enamoradodespierta en su latido más adorno.Son límite y principio de un suspiro,del fuego tibio, llama clandestina,destino de mi boca cuando mirola roja geografía que ilumina.El tiempo se detiene en su frontera,tan frágil, tan fugaz como el rocío,y siento que mi piel es prisioneradel borde de tus labios tan bravío.Si hablas, son relámpagos de luna,si besas, un naufragio de ternura,si ríes, un jardín donde la cunadel gozo se adormece con dulzura.Oh, labios de carmín y de tormenta,umbrales de un edén que me envenena,mi boca es un navío que se enfrentaal borde de tus labios... y se entrega.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
Los bordes de tus labios, suave abismo,
dibujan en la brisa un dulce hechizo,
caminos de deseo y de heroísmo,
umbrales de un amor jamás sumiso.
Como el ocaso besa al mar callado,
así mi alma busca tu contorno,
y en cada curva, un verso enamorado
despierta en su latido más adorno.
Son límite y principio de un suspiro,
del fuego tibio, llama clandestina,
destino de mi boca cuando miro
la roja geografía que ilumina.
El tiempo se detiene en su frontera,
tan frágil, tan fugaz como el rocío,
y siento que mi piel es prisionera
del borde de tus labios tan bravío.
Si hablas, son relámpagos de luna,
si besas, un naufragio de ternura,
si ríes, un jardín donde la cuna
del gozo se adormece con dulzura.
Oh, labios de carmín y de tormenta,
umbrales de un edén que me envenena,
mi boca es un navío que se enfrenta
al borde de tus labios... y se entrega.