No sé a qué Dios rezas, pero será mejor que empieces a correr, y no me detendré.
Cambiar fondo del poema
No sé a qué Dios rezas,
en tu altar de silencio,
donde el eco no alcanza
ni el susurro del viento.
Prepárate a volar,
pues la sombra se alza,
con pasos de trueno
y mirada de lanza.
Será mejor que corras,
escapes del umbral;
mi voluntad es firme,
mi sombra espectral.
No me detendré,
como río en torrente;
en el sandial vacío,
no habrá quien te salve.