En la penumbra de un frío espejo,donde la noche callada respira,surge un espectro de oscuro reflejo,sombras que tiemblan, sombras que miran.Un alma errante, silente y perdida,vaga en la bruma de su prisión,pálido rastro de un tiempo extinto,eco sin nombre, sin redención.Su negra forma, turbia y callada,frente a sí mismo se ve temblar,¿es un delirio? ¿es su condena?¿o un doble oscuro que viene a hablar?Sangran los muros en grises huellas,velos de angustia cubren la piel,ojos vacíos miran la nada,buscan respuestas que no han de ver.El viento gime, rasga el silencio,susurra historias de aquel umbral,quien ve su sombra más allá del vidrio,nunca regresa del mismo lugar.Y así la noche, fría y eterna,sella el misterio de su obsesión,presa en el vidrio su sombra queda,mientras la muerte borra su voz.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
En la penumbra de un frío espejo,
donde la noche callada respira,
surge un espectro de oscuro reflejo,
sombras que tiemblan, sombras que miran.
Un alma errante, silente y perdida,
vaga en la bruma de su prisión,
pálido rastro de un tiempo extinto,
eco sin nombre, sin redención.
Su negra forma, turbia y callada,
frente a sí mismo se ve temblar,
¿es un delirio? ¿es su condena?
¿o un doble oscuro que viene a hablar?
Sangran los muros en grises huellas,
velos de angustia cubren la piel,
ojos vacíos miran la nada,
buscan respuestas que no han de ver.
El viento gime, rasga el silencio,
susurra historias de aquel umbral,
quien ve su sombra más allá del vidrio,
nunca regresa del mismo lugar.
Y así la noche, fría y eterna,
sella el misterio de su obsesión,
presa en el vidrio su sombra queda,
mientras la muerte borra su voz.