Las sombras bailan sobre tu piel,dibujan versos en su vaivén,el sol te viste con su pincel,susurra brisas sobre tu sien.Tus labios guardan un eco mudo,un leve roce de atardecer,y en tu mirada de ensueño crudo,se funde el alba con el ayer.Tu piel de mármol, fuego y ceniza,se torna lienzo de luz y azar,y cada trazo que el tiempo esboza,canta en tu cuerpo su dulce azar.El aire tiembla en su juego exacto,se enreda en hilos de amanecer,y en el misterio de un gesto abstracto,parece el mundo desvanecer.Un mar callado duerme en tus labios,un sol de sombras juega en tu piel,y en el suspiro de un gesto sabio,bebe la tarde su propio miel.Que no termine nunca este instante,que el tiempo olvide su cruel deber,y en cada sombra que va danzante,se alce tu alma, libre de ayer.Siete estrofas
Cambiar fondo del poema
Las sombras bailan sobre tu piel,
dibujan versos en su vaivén,
el sol te viste con su pincel,
susurra brisas sobre tu sien.
Tus labios guardan un eco mudo,
un leve roce de atardecer,
y en tu mirada de ensueño crudo,
se funde el alba con el ayer.
Tu piel de mármol, fuego y ceniza,
se torna lienzo de luz y azar,
y cada trazo que el tiempo esboza,
canta en tu cuerpo su dulce azar.
El aire tiembla en su juego exacto,
se enreda en hilos de amanecer,
y en el misterio de un gesto abstracto,
parece el mundo desvanecer.
Un mar callado duerme en tus labios,
un sol de sombras juega en tu piel,
y en el suspiro de un gesto sabio,
bebe la tarde su propio miel.
Que no termine nunca este instante,
que el tiempo olvide su cruel deber,
y en cada sombra que va danzante,
se alce tu alma, libre de ayer.
El cielo canta desde tu esencia,
como un susurro en eterno vals,
y en la cadencia de esta presencia,
se acuna el tiempo, pierde su paz.