Emerjo del abismo, renazco en la espuma,el sol me talla en bronce, me forja en penumbra.La brisa es un canto que incendia mi piel,y un ave en el cielo me invita a creer.Las olas me llaman con versos de sal,mi alma desnuda se deja llevar.Soy agua y tormenta, soy viento y razón,soy un grito errante buscando su voz.En el mar de mi poesía navegan mis sueños,con alas abiertas y un fuego sin dueño.Cada gota en mi cuerpo es un verso escondido,cada rayo de luz, un latido encendido.Y sigo ascendiendo, venciendo la marea,pues en cada palabra mi espíritu ondea.El mar de mi poesía jamás se adormece,es eco infinito que nunca perece.Siete estrofas
Cambiar fondo del poema
Emerjo del abismo, renazco en la espuma,
el sol me talla en bronce, me forja en penumbra.
La brisa es un canto que incendia mi piel,
y un ave en el cielo me invita a creer.
Las olas me llaman con versos de sal,
mi alma desnuda se deja llevar.
Soy agua y tormenta, soy viento y razón,
soy un grito errante buscando su voz.
En el mar de mi poesía navegan mis sueños,
con alas abiertas y un fuego sin dueño.
Cada gota en mi cuerpo es un verso escondido,
cada rayo de luz, un latido encendido.
Y sigo ascendiendo, venciendo la marea,
pues en cada palabra mi espíritu ondea.
El mar de mi poesía jamás se adormece,
es eco infinito que nunca perece.
A través de las olas, mi canto resuena,
y el viento del norte mi esencia encadena.
Soy barco sin rumbo, soy faro y canción,
un latido profundo del vasto océano.
En cada rompiente, en cada rincón,
mi voz se despliega sin tregua ni acción.
Eterno es mi viaje, sin orilla que vea,
pues en sueños de agua mi vida se crea.
Así, en el abismo, descubro mi ser,
un verso que vibra y no deja de arder.
El infinito mar, mi casa y mi albor,
mi eterna balada de espuma y amor.