Porque con un verdadero amigo, no tienes que ser amigable, o cortés, la señal de lo verdadero es que puedes ofender al otro sin que parezca una ofensa, yo sufrí porque así no lo eran, no me merecían como amistad, ni ellos a mí.
Cambiar fondo del poema
En el rincón del alma, un eco se oye,
un amigo verdadero no exige flor ni oro.
Con miradas que rasgan la máscara del día,
la confianza florece sin riego ni decoro.
No hace falta un guante de seda ni palabra pulida,
la auténtica conexión nunca sabe a ofensa.
Es un río que fluye sin cauce ni borde,
donde un gesto sincero su valor no condensa.
Sufrí las sombras de vínculos huecos,
donde carecían de sangre, de brillo, de esencia.
Hoy camino ligero, con el pecho sereno,
porque sé que el valor reside en la ausencia.
Que aquellos que no fueron ni honor, ni armonía,
queden atrás en el murmullo del viento.
Amistad verdadera, su raíz es tan franca,
que no enreda el alma con falso ornamento.