En la espesura de un bosque callado,donde susurra la noche un lamento,una doncella de negro atrapado,mira la luna con gris sentimiento.Rayos de plata le rozan la piel,hiel de nostalgia en su pecho se posa,brilla en la sombra un clavel carmesí,gota de sangre en su mano preciosa.Sobre su brazo, un veneno sutil,cual negra hiedra se enreda y avanza,cicatrices de amores marchitos,huellas de un pacto que aún la alcanza.En lo alto danza un escorpión,sigiloso, en la luna impreso,su aguijón, un cruel presagio,un beso frío, un sino adverso.La noche gime, el viento la abraza,susurra nombres que el tiempo ha borrado,y en su mirada, el eco de almasque en el olvido fueron sepultados.Quieta en la sombra la dama reposa,destino atado al fulgor de la luna,tal vez su alma ya no es de este mundo,tal vez su amor nunca tuvo fortuna.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
En la espesura de un bosque callado,
donde susurra la noche un lamento,
una doncella de negro atrapado,
mira la luna con gris sentimiento.
Rayos de plata le rozan la piel,
hiel de nostalgia en su pecho se posa,
brilla en la sombra un clavel carmesí,
gota de sangre en su mano preciosa.
Sobre su brazo, un veneno sutil,
cual negra hiedra se enreda y avanza,
cicatrices de amores marchitos,
huellas de un pacto que aún la alcanza.
En lo alto danza un escorpión,
sigiloso, en la luna impreso,
su aguijón, un cruel presagio,
un beso frío, un sino adverso.
La noche gime, el viento la abraza,
susurra nombres que el tiempo ha borrado,
y en su mirada, el eco de almas
que en el olvido fueron sepultados.
Quieta en la sombra la dama reposa,
destino atado al fulgor de la luna,
tal vez su alma ya no es de este mundo,
tal vez su amor nunca tuvo fortuna.