CREYENTES E INCRÉDULOS: Ambos están en el mismo portón de ignorancia. Uno entra a la verdad descubriendo al ser que reside en nuestros ojos; aquí la mente no nos sirve, mas bien cuando la mente comienza a interpretar lo que mira se opaca
Cambiar fondo del poema
En el umbral del misterio,
creyentes e incrédulos se hallan,
con un mismo velo oscuro
que la verdad oculta y talla.
El creyente busca en fe
aquello que sus ojos encienden,
mas el incrédulo, al razonar,
se pierde y su luz se apaga lentamente.
Dentro de ambos brilla un ser,
un faro en la oscuridad interna,
donde la mente es un río turbio
y el corazón la vela eterna.
No es la razón ni la duda
la que revela quiénes somos,
es el alma al mirarse adentro
donde realmente despertamos.
Qué importa si crees o dudas,
si cruzas o no el portón,
la verdad vive en los ojos
y el amor en el corazón.