Nunca se puede hacer daño a una persona que sabe ver la belleza en todo, incluso en su dolor.
Cambiar fondo del poema
En el jardín del alma callada,
donde el dolor traza su camino,
hay una flor que nunca se apaga,
una mirada que halla destino.
Ve belleza en las sombras del día,
un resplandor en la tormenta,
y aunque el mundo sufre y confía,
en su corazón la paz se aumenta.
Nunca puedes dañar esa esencia
que en cada herida ve poesía;
es la fuerza de una conciencia
que en el dolor, florece en alegría.