Me miraste como quien juegaa perder sin miedo al premio,y yo, que soy buena en juegos,te lancé un guiño pequeño.Cuidado, que si me sigues...¡te enseño a jugar en serio!Tu sonrisa fue traviesa,como un sol que se resbala.Y yo, flor con poca prisa,abrí pétalos con maña.¿Te acercas o te retiras?¡Atento, que muerdo y calla!Dices que soy dulce y brava,como el vino de la casa,pero si pruebas dos copas,ya no sueltas ni la jarra.¿Y si brindamos los labios?Total... la noche no tarda.Te escribí en la servilleta"Prohibido tocar el alma",pero tú, muy desobediente,la rozaste con tu calma.¿Ahora qué hacemos, bandido?¡Pagas tú... o yo me escapo en bata!Mis pasos suenan al ritmode una risa entrecortada,y tú, torpe de los nervios,tropiezas con mi mirada.Tranquilo, no es grave el daño,¡pero cuidado con mi falda!Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
Me miraste como quien juega
a perder sin miedo al premio,
y yo, que soy buena en juegos,
te lancé un guiño pequeño.
Cuidado, que si me sigues...
¡te enseño a jugar en serio!
Tu sonrisa fue traviesa,
como un sol que se resbala.
Y yo, flor con poca prisa,
abrí pétalos con maña.
¿Te acercas o te retiras?
¡Atento, que muerdo y calla!
Dices que soy dulce y brava,
como el vino de la casa,
pero si pruebas dos copas,
ya no sueltas ni la jarra.
¿Y si brindamos los labios?
Total... la noche no tarda.
Te escribí en la servilleta
"Prohibido tocar el alma",
pero tú, muy desobediente,
la rozaste con tu calma.
¿Ahora qué hacemos, bandido?
¡Pagas tú... o yo me escapo en bata!
Mis pasos suenan al ritmo
de una risa entrecortada,
y tú, torpe de los nervios,
tropiezas con mi mirada.
Tranquilo, no es grave el daño,
¡pero cuidado con mi falda!