No me digáis que no se es feliz cuando ve a su hijo para casarse
Cambiar fondo del poema
Bajo el cielo de ilusiones,
un sendero de amor traza,
veo al hijo que se desplaza,
hacia sueños y pasiones.
Con el brillo en los ojos lleno,
su corazón late con fuerza,
la felicidad se dispersa,
como el sol que rompe el hielo.
Testigo de un nuevo destino,
cada paso lleva esperanza,
en su rostro la confianza,
del amor puro y divino.
No hay palabras que expresen más,
que el silencio de esa mirada,
un abrazo, la promesa guardada,
de que no hay retorno atrás.