Reposan dos sombras entre la penumbra,latiendo en silencio un pacto sin voz,sus labios se rozan, la muerte los nombra,como un eco oscuro, doliente y atroz.El frío del alba ya lame su piel,no hay sol que despierte la oscura visión,se besan los sueños, se funden en hiel,y duerme el abismo su vieja canción.Las sábanas guardan secretos antiguos,de amores que fueron, de sangre y dolor,las manos se enlazan, ya no hay testigos,salvo el terciopelo de un mundo sin flor.¿Quién llama a su puerta con dedos de hielo?¿Quién sopla su aliento por dentro del ser?Quizás sea el tiempo, que arrastra su duelo,quizás la nostalgia vestida de ayer.Sus pechos se rozan como un juramento,que vibra en la carne como un funeral,y el beso que sellan —oh dulce tormento—es huella en el mármol de lo inmortal.Que duerma la noche, que cante el silencio,que el mundo se quiebre sin su resplandor,pues en ese lecho, tan negro y tan denso,descansa el amor... o tal vez el horror.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
Reposan dos sombras entre la penumbra,
latiendo en silencio un pacto sin voz,
sus labios se rozan, la muerte los nombra,
como un eco oscuro, doliente y atroz.
El frío del alba ya lame su piel,
no hay sol que despierte la oscura visión,
se besan los sueños, se funden en hiel,
y duerme el abismo su vieja canción.
Las sábanas guardan secretos antiguos,
de amores que fueron, de sangre y dolor,
las manos se enlazan, ya no hay testigos,
salvo el terciopelo de un mundo sin flor.
¿Quién llama a su puerta con dedos de hielo?
¿Quién sopla su aliento por dentro del ser?
Quizás sea el tiempo, que arrastra su duelo,
quizás la nostalgia vestida de ayer.
Sus pechos se rozan como un juramento,
que vibra en la carne como un funeral,
y el beso que sellan —oh dulce tormento—
es huella en el mármol de lo inmortal.
Que duerma la noche, que cante el silencio,
que el mundo se quiebre sin su resplandor,
pues en ese lecho, tan negro y tan denso,
descansa el amor... o tal vez el horror.