En el sur donde el viento besa el valle,nació un verbo de fuego y pensamiento,un soñador que, tinta en movimiento,talló mundos con letras en el aire.Perú lo vio crecer con alma clara,con sed de libertad, de luz y historia,y alzó su voz —valiente y sin escoria—como un farol que al miedo no se para.¡Oh Vargas Llosa, duende del lenguaje!Tu pluma es lanza, brújula y torrente,que viaja por las venas de la gentecon la pasión del arte y su coraje.Nos diste la verdad sin servidumbre,novelas que respiran, que nos llaman,con personajes fieros que declamanlas luchas del amor y la costumbre.La casa verde, el sueño del caudillo,conversaciones hondas en la plaza,y un Nobel que en tu frente se abrazacomo un laurel que nace del castillo.Hoy canto tu legado, Mario eterno,maestro de las letras sin frontera,que hiciste del idioma una banderay del papel, un cielo siempre tierno.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
En el sur donde el viento besa el valle,
nació un verbo de fuego y pensamiento,
un soñador que, tinta en movimiento,
talló mundos con letras en el aire.
Perú lo vio crecer con alma clara,
con sed de libertad, de luz y historia.
Y alzó su voz —valiente y sin escoria—
como un farol que al miedo no se para.
¡Oh Vargas Llosa, duende del lenguaje!
Tu pluma es lanza, brújula y torrente,
que viaja por las venas de la gente
con la pasión del arte y su coraje.
Nos diste la verdad sin servidumbre,
novelas que respiran, que nos llaman,
con personajes fieros que declaman
las luchas del amor y la costumbre.
La casa verde, el sueño del caudillo,
conversaciones hondas en la plaza.
Y un Nobel que en tu frente se abraza
como un laurel que nace del castillo.
Hoy canto tu legado, Mario eterno,
maestro de las letras sin frontera,
que hiciste del idioma una bandera
y del papel, un cielo siempre tierno.