En tierras donde el sol se oculta,tras velos de incienso y eternidad,duermen los templos de piedra oculta,susurrando secretos de oscuridad.Cenizas caen como lluvia antiguasobre estatuas de ojos sin mirar,y en la penumbra, la luna mendigael eco de un rito por comenzar.Bajo montañas de sangre y oro,la reina de mármol aún respira,su corona tejida en el llantode los dioses que el tiempo retira.Sacerdotes sin rostro, en fila eterna,cantan versos en lengua olvidada,y el viento, en su danza cavernaria,lleva lamentos de almas selladas.Oh país de misterios sin nombre,tu historia se escribe con sombra y dolor,y quien te evoca en tinta y en bronce,despierta un conjuro, un antiguo rumor.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
En tierras donde el sol se oculta,
tras velos de incienso y eternidad,
duermen los templos de piedra oculta,
susurrando secretos de oscuridad.
Cenizas caen como lluvia antigua
sobre estatuas de ojos sin mirar,
y en la penumbra, la luna mendiga
el eco de un rito por comenzar.
Bajo montañas de sangre y oro,
la reina de mármol aún respira,
su corona tejida en el llanto
de los dioses que el tiempo retira.
Sacerdotes sin rostro, en fila eterna,
cantan versos en lengua olvidada,
y el viento, en su danza cavernaria,
lleva lamentos de almas selladas.
Oh país de misterios sin nombre,
tu historia se escribe con sombra y dolor,
y quien te evoca en tinta y en bronce,
despierta un conjuro, un antiguo rumor.
Por sendas de noches sin horizonte,
donde el silencio es guardián del saber,
tu esencia perdura, intacta y distante,
como un sueño que nadie volverá a ver.