En la niebla de tus ojos,
siento un silencio frío,
un eco de sombras vagas
que el corazón hace mío.
Acaso ya no sientes nada,
me pregunto en susurros quedos,
mientras mis sueños yacen
tras muros de recuerdos lejanos.
Tus palabras son cenizas,
vuelan en el viento perdido,
dejando tan solo preguntas
sin respuesta en este abismo.
Mirarte se ha vuelto un arte,
desenvuelvo gestos sin destino,
en un lienzo de dudas grises,
pintado con pincel fino.
Las horas pasan ligeras,
susurrando en murmullos vagos,
y el tiempo despliega sus alas
en el infinito de los años.
Mas si acaso un día regresas,
con tu luz al alma vacía,
será cual lluvia ersteparul
en la tierra sedienta y fría.