Sobre la roca, en noche eterna,se alza la sombra de la hechicera,con brazos de bruma y de condena,invoca el caos, la luna espera.Su manto negro roza el viento,sus ojos son pozo sin consuelo,y al cielo grita su lamento,rompiendo el velo azul del cielo.Los cuervos gimen su sentencia,vigías de su cruel destino,pues carga en carne la penitenciade un amor muerto en su camino.Las nubes bailan en espiral,al ritmo oscuro de su danza,y cada paso abismalteje el hechizo de su venganza.Los árboles tiemblan su plegaria,el bosque calla su temor,pues ella es reina solitariadel trono hecho de dolor.No hay salvación en su mirada,ni redención en su canción,solo la noche enamoradade su profunda maldición.Y así se queda, erguida y fiel,eternamente entre la bruma,la dama que perdió su piely ahora es sombra bajo la luna.Siete estrofas
Cambiar fondo del poema
Sobre la roca, en noche eterna,
se alza la sombra de la hechicera,
con brazos de bruma y de condena,
invoca el caos, la luna espera.
Su manto negro roza el viento,
sus ojos son pozo sin consuelo,
y al cielo grita su lamento,
rompiendo el velo azul del cielo.
Los cuervos gimen su sentencia,
vigías de su cruel destino,
pues carga en carne la penitencia
de un amor muerto en su camino.
Las nubes bailan en espiral,
al ritmo oscuro de su danza,
y cada paso abismal
teje el hechizo de su venganza.
Los árboles tiemblan su plegaria,
el bosque calla su temor,
pues ella es reina solitaria
del trono hecho de dolor.
No hay salvación en su mirada,
ni redención en su canción,
solo la noche enamorada
de su profunda maldición.
Y así se queda, erguida y fiel,
eternamente entre la bruma,
la dama que perdió su piel
y ahora es sombra bajo la luna.