Por sendas viejas va el paso humano,donde el polvo guarda huellas sin nombre,senderos que el sol besó tempranoy aún recorren el alma del hombre.No hay mapa que su historia encierre,ni olvido que su esencia borre.Las pisaron pastores y poetas,guerreros, madres, sabios, mendigos;cada paso una página secreta,cada curva un cruce de destinos.Sus piedras saben más del mundoque cien libros llenos de caminos.En la bruma de una alborada antigua,una niña llevó pan y esperanza,cantando al viento con voz amiga,sembrando luz con cada andanza.No sabía que tras sus pasosbrotaban flores en la hojarasca.Bajo la luna, un viejo caminantehablaba con las sombras del pasado,decía que la senda es un amanteque nunca deja al alma de su lado.“Caminar”, dijo, “es recordarlo que el corazón ha olvidado.”Las sendas no duermen, sólo esperan,como piel tendida en la llanura,aguardando que otros las encuentreny les cuenten nuevas aventuras.Pues aunque mil veces andadas,cada paso trae su escritura.Y así seguimos, paso tras paso,sobre caminos de polvo y memoria,donde el presente abraza el abrazode los ecos de toda la historia.Sendas viejas, siempre vivas,latidos fieles de la trayectoria.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
Por sendas viejas va el paso humano,
donde el polvo guarda huellas sin nombre,
senderos que el sol besó temprano
y aún recorren el alma del hombre.
No hay mapa que su historia encierre,
ni olvido que su esencia borre.
Las pisaron pastores y poetas,
guerreros, madres, sabios, mendigos;
cada paso una página secreta,
cada curva un cruce de destinos.
Sus piedras saben más del mundo
que cien libros llenos de caminos.
En la bruma de una alborada antigua,
una niña llevó pan y esperanza,
cantando al viento con voz amiga,
sembrando luz con cada andanza.
No sabía que tras sus pasos
brotaban flores en la hojarasca.
Bajo la luna, un viejo caminante
hablaba con las sombras del pasado,
decía que la senda es un amante
que nunca deja al alma de su lado.
“Caminar”, dijo, “es recordar
lo que el corazón ha olvidado.”
Las sendas no duermen, sólo esperan,
como piel tendida en la llanura,
aguardando que otros las encuentren
y les cuenten nuevas aventuras.
Pues aunque mil veces andadas,
cada paso trae su escritura.
Y así seguimos, paso tras paso,
sobre caminos de polvo y memoria,
donde el presente abraza el abrazo
de los ecos de toda la historia.
Sendas viejas, siempre vivas,
latidos fieles de la trayectoria.