No me hables de dioses, ni de fe en sermones,quiero ver cómo tratas a tu amor en sus noches,cómo cuidas de la frágil danza del tiempocon los seres que el destino colocó a tu lado. No me cuentes tus virtudes en libros sagrados,muéstrame el arte de escuchar con humildad,cómo abrazas lo ajeno, lo desconocido,sin temor a que rompa tu fe o tu verdad. Quiero verte en las sombras del llanto sincero,cuando el dolor te encuentra y desarma tu paz,si puedes aceptar que errar es humano,y que en el perdón, la grandeza vendrá.En tu divinidad quiero ver al humano,que en su fragilidad, su fortaleza halló,porque dentro de nosotros habita un milagro,un dios sin nombre, un amor sin pesar. Hay quienes se pierden entre sotanas de tiempos,como barcos sin rumbo, en mares de ansiedad,mas los encuentro en aquellos que, en su esencia,la verdadera conexión han de lograr. En la figura sagrada veo luz,el amor que sana, la paz que induce,sus palabras caen como dulce cruz,verdades que el alma seduce.Pero en el hombre que se confiesafalta esa esencia, esa pureza;es boca que juzga, lengua que pesa,tan lejos del amor y la nobleza. Oh Cristo, en tu nombre se esconden,más no encuentran reflejo en Ti;pues en el pecho la fe confonden,no ven el amor que predicas aquí. Entre Religión me siento perdido,hipócrita ser no quiero, ni es mi destino.No cargo el peso de falsas perfecciones,dejo que la vida me enseñe sus lecciones. Ellos caminan sobre hilos tensados,bajo la mirada de juicios forzados.Yo, en cambio, prefiero la humildad del suelo, aprendo despacio, siento el alma en vuelo. Sin afán de ser lo que no se espera,me enseña la vida, en su manera sincera.No seré perfecto ni un santo irreal,solo seré yo, en este camino tan real.
Cambiar fondo del poema
No me hables de dioses ni sermones
que en libros sagrados llevan su cruz,
muéstrame cómo tratas los corazones
que en la noche buscan luz.
No me cuentes tus alabanzas,
prefiero ver tu calor humano,
cómo enfrentas las noches mansas
cuidando cada mano.
En el llanto de sombras sinceras,
cuando la tormenta arrasa tu paz,
si encuentras grandeza en tus maneras
de aceptar que errar es humano al final.
Sé tú mismo, en fragilidad y fuerza,
porque dentro, un milagro está
un amor que nunca pesa,
un dios sin nombres que brilla ya.
Almas perdidas entre sombra fría,
barcos sin rumbo en el ancho mar,
hallan en humildad su guía
y en auténtica conexión, su altar.
Oh, Cristo, en tu manto ocultos
van, sin verte aquí,
confunden fe entre insultos,
no sienten el amor de Ti.
Entre nombres y religiones,
no quiero más la hipocresía,
prefiero las lecciones
que la vida brinda cada día.
Al filo de juicios caminando,
forzados a lo que ojos ven,
yo busco, en mi esencia pasando,
la verdad que nunca miente.
Así, en tierra firme, aspiro
a ser lo que el alma empuja,
no un santo ni un falso suspiro,
simplemente yo, que mi camino empuja.