mientras algunos proclaman tener la luz, yo prefiero caminar en la oscuridad con la linterna de la coherencia encendida por mis actos. Porque al final, no se trata de creer en Dios, sino de vivir de una forma que haga innecesario hablar de Él. Hoy he presenciado cómo los labios se llenan de Dios, pero los corazones se vacían de compasión. Cada comentario no fue más que un espejo, no de la fe que profesan, sino del juicio que albergan. Y una vez más, las religiones institucionalizadas me recordaron por qué no creo en ninguna.
Cambiar fondo del poema
En sombras caminan voces enardecidas,
proclamando luces en altares tejidos,
mas yo, en penumbras, hallo sendas amigas
con la linterna de actos atrevidos.
No se trata de la fe que en voz se grita,
sino de la vida que en silencio resplandece,
pues de corazones vacíos, la piedad se evapora,
y es en las acciones donde el espíritu florece.
Dios en labios proclaman, vacuos de compasión,
sus juicios afilados cual espejos revelan,
y en templos de piedra, mi fe no encuentra razón,
pues en almas sinceras, las verdades se encelan.
Sin religión que oprima, mi ruta elijo,
camino en obscuridad con coherencia a mi lado,
que al final, en la calma del viaje, descubro,
que vivir en plenitud es creer sin ser esclavo.