Oh páginas sabias, al alba encendidas,semillas de tinta que el alma cultiva,susurros que guían las horas perdidasy al libro amado nos llevan la vida.Honores merecen quienes día a díadeshojan su mente en letras que arden,y en cada reseña, pasión compartida,revive el asombro, florece el arte.Allí donde el verbo nos abre una herida,y el pensamiento se vuelve infinito,nacen los puentes entre alma y palabra,con cada análisis, con cada grito.Un nombre, un autor, una historia encendida,y un corazón que late entre las líneas,que al fin comprendemos, gracias al ojode quien lo leyó con sed y armonía.No hay templo más alto que aquel construidocon voces que escriben sobre lo sentido,ni altar más sagrado que aquel que se ofreceal libro que a todos nos pertenece.Gracias, portales de amor infinito,por ser el refugio, por ser el abrigo,por alimentar con fuego benditola llama que arde en el lector perdido.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
Oh páginas sabias, al alba encendidas,
semillas de tinta que el alma cultiva,
susurros que guían las horas perdidas
y al libro amado nos llevan la vida.
Honores merecen quienes día a día
deshojan su mente en letras que arden,
y en cada reseña, pasión compartida,
revive el asombro, florece el arte.
Allí donde el verbo nos abre una herida,
y el pensamiento se vuelve infinito,
nacen los puentes entre alma y palabra,
con cada análisis, con cada grito.
Un nombre, un autor, una historia encendida,
y un corazón que late entre las líneas,
que al fin comprendemos, gracias al ojo
de quien lo leyó con sed y armonía.
No hay templo más alto que aquel construido
con voces que escriben sobre lo sentido,
ni altar más sagrado que aquel que se ofrece
al libro que a todos nos pertenece.
Gracias, portales de amor infinito,
por ser el refugio, por ser el abrigo,
por alimentar con fuego bendito
la llama que arde en el lector perdido.