Madre de entrañas fértiles y hondas,donde germina el sueño y la semilla,tu aliento es brisa, canto y maravilla,tu abrazo envuelve en sombras y en rondas.Eres la savia que al árbol sostiene,la que al río susurra su destino,la que al fuego le da su caminoy en la roca, su fuerza mantiene.Bajo tu piel palpita la memoria,del tiempo, del dolor, de la esperanza,te alzamos en canción, en la bonanzade un sol que escribe en ti su eterna historia.Tus montes son el templo del sosiego,tu mar, espejo azul del infinito,y el cielo, tu refugio más bendito,donde la vida traza su trasiego.Perdón por cada herida que sangramos,por cada bosque herido, cada río,por el veneno que sembró el vacíodonde antes tus jardines levantamos.Pero aún nos queda amor para cuidarte,para curar tus llagas con ternura,madre Tierra, sagrada y tan pura,aún podemos salvarte… y adorarte.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
Madre de entrañas fértiles y hondas,
donde germina el sueño y la semilla,
tu aliento es brisa, canto y maravilla,
tu abrazo envuelve en sombras y en rondas.
Eres la savia que al árbol sostiene,
la que al río susurra su destino,
la que al fuego le da su camino
y en la roca, su fuerza mantiene.
Bajo tu piel palpita la memoria,
del tiempo, del dolor, de la esperanza,
te alzamos en canción, en la bonanza
de un sol que escribe en ti su eterna historia.
Tus montes son el templo del sosiego,
tu mar, espejo azul del infinito,
y el cielo, tu refugio más bendito,
donde la vida traza su trasiego.
Perdón por cada herida que sangramos,
por cada bosque herido, cada río,
por el veneno que sembró el vacío
donde antes tus jardines levantamos.
Pero aún nos queda amor para cuidarte,
para curar tus llagas con ternura,
madre Tierra, sagrada y tan pura,
aún podemos salvarte… y adorarte.