Una serpiente mordió a una ovejita en la cara, ella sintió un profundo dolor y se hinchó mucho. Tal era el odio que la víbora sentía por la ovejita que hacerle daño le hizo feliz. Pero la serpiente no conocía el tipo de sangre que corre por las venas de las ovejas. El antídoto contra serpientes suele elaborarse con sangre de oveja. Su sangre destruye el veneno de la serpiente.La ovejita no se detuvo, siguió comiendo, bebiendo y paseando llena de felicidad por el campo, porque sabía que iba a estar bien. Mientras tanto, la serpiente observaba con celos desde su rincón, pensando en cómo atacar otra vez, no soportaba ver a la oveja sonreír, sintió una amargura tan grande, que terminó convirtiéndose en víctima de su propio veneno. No te preocupes por la serpiente, ni por su mordedura, solo asegúrate de que la sangre del cordero fluya por tus venas. Así como la serpiente hay personas a quienes les molestará tu brillo, tu actitud ante la vida, tu fuerza, sentirán envidia de tus posesiones o simplemente les enojará tu forma de ser, no importan los motivos, eso escapa de tu control. La actitud negativa de los demás puede doler, pero no dejes que el veneno de sus palabras o acciones controle tu bienestar. No se trata de ignorar el dolor, sino de reconocerlo, y decidir que no te afecte. Así como la oveja necesitó un par de días para recuperarse, cuando te encuentres frente a una situación complicada o recibas algún ataque, tómate un respiro para procesar, ignorar lo malo o defenderte si es necesario. Pero jamás inviertas, tu tiempo en odios, cultiva la paz y sigue tu camino, sabiendo que pase lo que pase, estarás bien, así como la ovejita.
Cambiar fondo del poema
En el campo verde y puro, bajo el sol resplandeciente,
una ovejita pastaba, dulce y sonriente.
La serpiente, con envidia, lanzó su ataque frío,
y la mordió sin piedad, inundando de veneno su rocío.
El dolor fue intenso, la hinchazón creciente,
pero en la sangre de la oveja reside un don valiente.
Con cada latido, el antídoto corría,
transformando el veneno en nada, mientras vivía.
La víbora observaba con odio y desespero,
viendo a la ovejita que seguía sin temor ni agüero.
La oveja, llena de paz, siguió pastando,
y la serpiente, envuelta en su odio, fue decayendo.
No temas al dardo de palabras venenosas,
ni al susurro maligno de personas envidiosas.
La sangre del cordero fortalece sin cesar,
y tu luz brillará sin dejar de alumbrar.
Así, en el camino de la vida, sigue adelante,
cultiva la paz, sé firme y constante.
Que el veneno se disipe, que el amor fluya,
y que, pase lo que pase, siempre estés bien, como la ovejita en su huerta.