La muerte no tiene religión, ni ideología, ni bandera. Solo es, y al serlo, nos iguala, ningún muerto vale más que otro, la muerte es atea.
Cambiar fondo del poema
La muerte camina sin credo,
sin estandarte ni voz,
no reza plegarias al viento,
ni sigue un camino atroz.
No hay noble ni humilde en su sombra,
ni distinción en su mirar,
todos caen en su abismo
donde no hay reino ni altar.
Es un manto de oscuro silencio,
una verdad que iguala al final,
donde el oro se funde en arena
y la fe vuelve al polvo inmortal.
La muerte no lleva banderas,
no tiene dogma ni ley,
en su danza eterna y callada,
todos somos de la misma grey.