Llega un momento en que dejas de tener prisa. Ya no miras cada minuto el reloj. Empiezas a disfrutar de esas pequeñas cosas que habían pasado inadvertidas, cosas diminutas que ahora ves en toda su grandeza. Las puestas de sol, el mar... Sientes que la carrera ha terminado, has llegado a tu meta. No tienes que competir con nadie y te sientes feliz.Todos tus sentidos están ahora puestos en las maravillas que tienes delante. Las que te ofrece la vida, la naturaleza. Se acabaron los maratones, ya no es necesario que aceleres, ya has llegado. Y piensas que todo lo que has trabajado para llegar donde estás ha merecido la pena.Disfruta de tu premio, te lo has ganado.
Cambiar fondo del poema
Llega un momento sin prisa,
cuando el reloj ya no manda,
y el susurro del mar avisa
que la calma en tu alma se expanda.
Las pequeñas joyas del día,
en su esplendor sutil,
las miras con nueva alegría,
sin presión, sin huir.
El sol se pone en su danza,
pintando el cielo de arte,
y en su luz, la esperanza
que siempre quiso encontrarte.
Ya la carrera ha cesado,
la meta te da la bienvenida,
sin más pasos acelerados,
disfrutas la misión cumplida.
La vida, en su vasto abrazo,
te entrega su premio, su voz:
"Bienvenido al compás del ocaso,
te has ganado el descanso y su fulgor".