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En el acantilado, mi sombra se arrastra,bajo un cielo herido de luto y quebranto,el viento murmura canciones de antaño,y el eco responde con frío quebranto.La rosa en mis manos, marchita y callada,sangra su rojo en la noche infinita,como mi alma, perdida en la nada,como mi llanto, que nunca se agita.Negros los mares, de hielo sus besos,en ellos navegan mis sueños vencidos,las aves se pierden en cielos opresos,como mis ruegos, eternos, dolidos.La soledad es mi único amante,su beso es helado, su abrazo es condena,mi vestido, un lamento ondulante,mi vida, un rosario de eterna cadena.Oh luna, que ocultas tu faz desgarrada,no mires mi pena ni juzgues mi llanto,soy sólo un cadáver de esperas pasadas,un suspiro perdido en el negro manto.Quisiera entregarme a las olas sin nombre,dejar que me envuelvan con su triste canto,perderme en sus brazos, borrarme del hombre,y ser sólo espuma, silencio y quebranto.Mas sigo sentada, prisionera del viento,sujeto en mis dedos un último adiós,y lloro en la bruma mi pálido aliento,esperando en vano que acabe mi voz.Siete estrofas

En el acantilado, mi sombra se arrastra,  
bajo un cielo herido de luto y quebranto,  
el viento murmura canciones de antaño,  
y el eco responde con frío quebranto.  

La rosa en mis manos, marchita y callada,  
sangra su rojo en la noche infinita,  
como mi alma, perdida en la nada,  
como mi llanto, que nunca se agita.  

Negros los mares, de hielo sus besos,  
en ellos navegan mis sueños vencidos,  
las aves se pierden en cielos opresos,  
como mis ruegos, eternos, dolidos.  

La soledad es mi único amante,  
su beso es helado, su abrazo es condena,  
mi vestido, un lamento ondulante,  
mi vida, un rosario de eterna cadena.  

Oh luna, que ocultas tu faz desgarrada,  
no mires mi pena ni juzgues mi llanto,  
soy sólo un cadáver de esperas pasadas,  
un suspiro perdido en el negro manto.  

Quisiera entregarme a las olas sin nombre,  
dejar que me envuelvan con su triste canto,  
perderme en sus brazos, borrarme del hombre,  
y ser sólo espuma, silencio y quebranto.  

Mas sigo sentada, prisionera del viento,  
sujeto en mis dedos un último adiós,  
y lloro en la bruma mi pálido aliento,  
esperando en vano que acabe mi voz.

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En el acantilado, mi sombra se arrastra, bajo un cielo herido de luto y quebranto, el viento murmura canciones de antaño, y el eco responde con frío quebranto. La rosa en mis manos, marchita y callada, sangra su rojo en la noche infinita, como mi alma, perdida en la nada, como mi llanto, que nunca se agita. Negros los mares, de hielo sus besos, en ellos navegan mis sueños vencidos, las aves se pierden en cielos opresos, como mis ruegos, eternos, dolidos. La soledad es mi único amante, su beso es helado, su abrazo es condena, mi vestido, un lamento ondulante, mi vida, un rosario de eterna cadena. Oh luna, que ocultas tu faz desgarrada, no mires mi pena ni juzgues mi llanto, soy sólo un cadáver de esperas pasadas, un suspiro perdido en el negro manto. Quisiera entregarme a las olas sin nombre, dejar que me envuelvan con su triste canto, perderme en sus brazos, borrarme del hombre, y ser sólo espuma, silencio y quebranto. Mas sigo sentada, prisionera del viento, sujeto en mis dedos un último adiós, y lloro en la bruma mi pálido aliento, esperando en vano que acabe mi voz.