En la pista de sueños dorados,
mis pies desatan un fuego de estrellas,
bailando en hilos del tiempo sagrado,
mi alma en el aire despliega sus huellas.
Latidos del ritmo inflaman la noche,
mi cuerpo se funde con luces de luna,
cada giro, un susurro, un broche,
un instante eterno en mi danza oportuna.
Ese baile, mi éxtasis callado,
fue un lienzo pintado de eternidad,
un rincón de cielo apenas rozado,
mi momento inolvidable de verdad.