Hablemos de todas las veces que hemos muerto por dentro, y nadie ha venido a nuestro funeral.
Cambiar fondo del poema
En silencio caen las hojas del alma,
muertes suaves que nadie vio llegar,
sombras que el corazón lentamente desarma,
en su pequeño universo de soledad.
Cielos oscuros guardan nuestros lamentos,
y la luna solloza en su rincón celestial,
somos fantasmas de nuestros propios tormentos,
sin flores ni epitafios, en un funeral sin final.
Aquí el dolor viste ropajes de duelo,
y almas lloran su canto invisible,
lloramos sin pausa, bajo el mismo cielo,
en un reino de ausencias, callado y terrible.
Que vengan entonces, los que nunca supieron,
a honrar las partidas que nadie lloró,
porque en cada fragmento que se nos ha ido,
hay universos enteros que el silencio guardó.