Madre, viva o en memoria, su amor es la raíz que nunca muere en el alma.
Cambiar fondo del poema
En el silencio de la tarde dorada,
madre, tu voz resuena en el viento,
es canto dulce de amor que no acaba,
raíz eterna en mi alma y pensamiento.
Aunque el tiempo en sus alas te lleva,
tu esencia vive en cada flor y estrella,
como un río que fluye en primavera,
fortaleza que al corazón sella.
Nunca muere, madre, tu presencia,
pues en mi pecho tu amor perdura,
guía constante de mi existencia,
faro eterno en la noche oscura.