Esconde de mis pecados el rostro,borra mis maldades en la jornada.Tu amor, Señor, es mi ser más nuestro. La Biblia en palabras nos guía,con relatos de tiempos pasados,marcando el camino, el faro,de lo que se espera logrado. Mas la naturaleza susurra,un verso en el viento y el mar,nos muestra el florecer de un alma,en su danza sin fin bajo el sol y lunar. Lo escrito nos da el sendero,pero la tierra nos da el vivir,somos eco de estrellas y sueños,en el vasto edén por descubrir.Entre hojas y cielos abiertos,hallamos nuestro verdadero ser,la Biblia traza lo posible,la naturaleza nos deja crecer. En la penumbra de un alma solitaria,se oculta un pecho que late en silencio,dibuja sonrisas con trazos de labiosmientras elude el amor en el viento. Con rostro de mármol y ojos de luna,camina erguido entre sueños de niebla,ofreciendo al mundo un escudo templado,un corazón que el mundo no recuerda. Pero, en la quietud de una noche estrellada,el eco oculto de un suspiro resuena,y en la profunda sombra de la fachada,el deseo de amar suavemente regresa.
Cambiar fondo del poema
Esconde de mis pecados el rostro,
tras la cortina de un cielo estrellado,
borra mis maldades en la jornada,
con el agua pura de lo sagrado.
Tu amor, Señor, es mi ser más nuestro,
guía mi paso en los valles perdidos,
escribe en mi alma con huellas divinas,
palabra y promesa que no se han ido.
La Biblia en su esencia nos ilumina,
con relatos de tiempos bien lejanos,
marcando el sendero, el faro tenue,
de lo que anhelamos alcanzado.
Mas la naturaleza susurra en secreto,
con verso del viento y del mar intenso,
nos muestra el florecer de un alma errante,
en su danza sin fin bajo el sol inmenso.
El escrito nos da el camino firme,
pero la tierra nos da el vivir,
somos eco de estrellas y sueños,
en el vasto edén por descubrir.
Entre hojas y cielos abiertos,
hallamos nuestro verdadero ser,
la Biblia traza lo posible,
la naturaleza nos deja crecer.
En la penumbra del alma que calla,
se esconde un latido olvidado,
dibuja sonrisas al aire fugaz,
mientras el amor queda librado.
Con rostro marmóreo y ojos de luna,
camina altivo entre sueños de niebla,
un escudo ofrenda al mundo impasible,
un corazón que nadie recuerda.
Pero en la calma de la noche clara,
el eco de un suspiro revive,
en la sombra profunda y callada,
el deseo de amar resurge apacible.