Allí estás tú, en la línea de batalla,entre lo que ansías y lo que rechazas,un ser que busca su propia muralla,donde lo prohibido se escucha pero no abraza.El deseo grita su verdad callada,no pide ser cumplido, solo entendido,y en la sombra, se convierte en llamada,puerta a un universo no compartido. No eres tu culpa, sino quien observa,el que puede entender sin automatismo,escuchar el deseo, su danza y reserva,seguirlo como un lúcido espejismo. Aquel susurro no es errado,es la pista en el sendero del ser,no siempre cumplido, pero nunca olvidado,ahí, donde tu verdad comienza a florecer. En un mundo de sombras y espejos frágiles,donde voces sabias se tornan cautas,las palabras, antes brújulas audaces,hoy se visten con silencios de tacto. Y llega el día de bocas cerradas,las mentes brillantes se vuelven faroque alumbra sin molestar, susurrandoen un idioma de luces y amparo. Mas no es derrota, ni acallamiento,es el arte sutil de entender,que a veces el eco solo se escuchadonde la razón se sienta a ceder. Entre el día y la noche, danza el crepúsculo,donde los sueños susurran al viento su historia.La balanza oscila, un juego tácito,bien y mal entrelazados en un juego
Cambiar fondo del poema
de memoria.
Allí estás tú, en la línea de batalla,
entre lo que ansías y lo que rechazas,
un ser que busca su propia muralla,
donde lo prohibido se escucha pero no abraza.
El deseo grita su verdad callada,
no pide ser cumplido, solo entendido,
y en la sombra, se convierte en llamada,
puerta a un universo no compartido.
No eres tu culpa, sino quien observa,
el que puede entender sin automatismo,
escuchar el deseo, su danza y reserva,
seguirlo como un lúcido espejismo.
Aquel susurro no es errado,
es la pista en el sendero del ser,
no siempre cumplido, pero nunca olvidado,
ahí, donde tu verdad comienza a florecer.
En un mundo de sombras y espejos frágiles,
donde voces sabias se tornan cautas,
las palabras, antes brújulas audaces,
hoy se visten con silencios de tacto.
Y llega el día de bocas cerradas,
las mentes brillantes se vuelven faro
que alumbra sin molestar, susurrando
en un idioma de luces y amparo.
Mas no es derrota, ni acallamiento,
es el arte sutil de entender,
que a veces el eco solo se escucha
donde la razón se sienta a ceder.
Entre el día y la noche, danza el crepúsculo,
donde los sueños susurran al viento su historia.
La balanza oscila, un juego tácito,
bien y mal entrelazados en un juego de memoria.