Senderos sombríos de sueños truncados,el alma asfixiada en mundos olvidados.Deja que brille, que busque su estrella,pues el verdadero amor nunca la sella. El amor no es deuda, ni nombre heredado,ni pesa en la sangre que une por azar;es llama que arde sin ser obligado,es luz que se entrega sin nada cobrar. La familia no es quien dicta normas brutas,ni exige que calles, cedas, que disimules.No es el que aparece solo entre disputas,o el que pide unidad mientras tú te anules. Es quien sana heridas con palabras suaves,quien marcha a tu lado en la oscuridad;sin precio, ni lágrimas que como llaves,abran corazones por necesidad.El apellido no ata las voluntades,ni cobra facturas del corazón.El amor florece en las libertades,en el calor sincero de la conexión.Así aprendo a amar, sin el peso impuesto,buscando en los ojos verdad compartir.Porque en esta vida lo auténtico es esto,amar sin deberes, sin nunca exigir. Bajo el manto de la noche estrellada,el cielo susurró en un murmullo sagrado:"Te hice incómodo para forjar tu camino,para que aprendas lo que otro no ha Logrado. Tu corazón, sensible y fuerte,es el faro en la tormenta que debes seguir.Cuando pensamiento, palabra y acción se unan, el universo se alzará para verte sonreír. Las estrellas y planetas se alinearán,cuando decidas actuar con fervor.Y en ese instante, mi fiel compañero,moveré el cielo en tu honor. Pues todo sacrificio que enfrentaste,toda lágrima que tocó tu piel,fue el precio de tu sabiduría,destino tejido por el amanecer."
Cambiar fondo del poema
En senderos sombríos de sueños truncados,
el alma asfixiada en mundos olvidados.
Deja que brille, que busque su estrella,
pues el verdadero amor nunca la sella.
El amor no es deuda, ni nombre heredado,
ni pesa en la sangre que une por azar;
es llama que arde sin ser obligado,
es luz que se entrega sin nada cobrar.
La familia no es quien dicta normas brutas,
ni exige que calles, cedas, que disimules.
No es el que aparece solo entre disputas,
o el que pide unidad mientras tú te anules.
Es quien sana heridas con palabras suaves,
quien marcha a tu lado en la oscuridad;
sin precio, ni lágrimas que como llaves,
abran corazones por necesidad.
El apellido no ata las voluntades,
ni cobra facturas del corazón.
El amor florece en las libertades,
en el calor sincero de la conexión.
Así aprendo a amar, sin el peso impuesto,
buscando en los ojos verdad compartir.
Porque en esta vida lo auténtico es esto,
amar sin deberes, sin nunca exigir.
Bajo el manto de la noche estrellada,
el cielo susurró en un murmullo sagrado:
"Te hice incómodo para forjar tu camino,
para que aprendas lo que otro no ha logrado.
Tu corazón, sensible y fuerte,
es el faro en la tormenta que debes seguir.
Cuando pensamiento, palabra y acción se unan,
el universo se alzará para verte sonreír.
Las estrellas y planetas se alinearán,
cuando decidas actuar con fervor.
Y en ese instante, mi fiel compañero,
moveré el cielo en tu honor.
Pues todo sacrificio que enfrentaste,
toda lágrima que tocó tu piel,
fue el precio de tu sabiduría,
destino tejido por el amanecer."