Cuando observo la naturaleza, veo a Dios en cada detalle: desde la complejidad de un ecosistema hasta la belleza de un atardecer. un regalo sagrado que nos conecta con lo divino.
Cambiar fondo del poema
En el susurro del viento suave,
y en el canto de las aves al volar,
veo la mano sagrada que traza
historias de cielo y mar.
La danza de las hojas al caer,
un río que murmura al pasar,
en cada forma y en cada ser,
la esencia de lo eterno está.
Atardecer que pinta el cielo,
con tonos que no sabe nombrar,
es un lienzo que revela
un amor divino al mirar.
Ecosistemas tejidos con arte,
donde cada vida habla de Dios,
en su simetría vibrante
veo el reflejo de Su voz.
En la naturaleza, el alma canta,
conectada a lo sublime, lo real,
cada detalle se vuelve mantra,
un regalo sagrado, celestial.