En el umbral del misterio,creyentes e incrédulos se hallan,con un mismo velo oscuroque la verdad oculta y talla. El creyente busca en feaquello que sus ojos encienden,mas el incrédulo, al razonar,se pierde y su luz se apaga lentamente. Dentro de ambos brilla un ser,un faro en la oscuridad interna,donde la mente es un río turbioy el corazón la vela eterna. No es la razón ni la dudala que revela quiénes somos,es el alma al mirarse adentrodonde realmente despertamos.Qué importa si crees o dudas,si cruzas o no el portón,la verdad vive en los ojosy el amor en el corazón.En la senda que me invoca,mi espíritu busca paz,libre de ataduras rígidas,de credos que ocultan más.La alquimia de mi esenciaes el ciclo del sentir,transformando en lo invisiblelas verdades por surgir.Religiones se disputanel saber fundamental,pero al contemplar el todo,comienzo a entender lo real.Cada fe, un fiel reflejo,una verdad por mostrar,mas en el crisol del almami eternidad hallarás.
Cambiar fondo del poema
En el umbral del misterio,
creyentes e incrédulos se encuentran,
con un mismo velo oscuro
que la verdad oculta y estampa.
El creyente, con fe encendida,
busca lo que sus ojos ilumina,
pero el incrédulo, al razonar,
se pierde en sombras, su luz marchita.
Dentro de ambos brilla un ser,
un faro en la negrura interna,
donde la mente es río turbio
y el corazón la vela eterna.
No es la razón ni la duda
quienes revelan nuestra esencia,
es el alma al mirar adentro
donde el verdadero despertar comienza.
Qué importa si crees o dudas,
si cruzas el portón o no,
la verdad reside en los ojos
y el amor en el corazón.
Por la senda que me llama,
mi espíritu busca paz,
libre de ataduras rígidas,
de credos que oscurecen más.
La alquimia de mi esencia
es el ciclo del sentir,
transformando en lo invisible
las verdades por venir.
Religiones se disputan
el saber que es fundamental,
pero al contemplar el todo,
empiezo a entender lo real.
Cada fe un espejo fiel,
una verdad por mostrar,
mas en el crisol del alma
mi eternidad hallarás.