Contra el viento de los imposibles,alzamos sueños hechos de estrella,las voces que gritan en sombras temiblesno entienden de nuestra centella. Si otros declaman lo inalcanzable,déjanos volar sin su consejo,que en cada caída hay un acto amable,y en cada intento se forja un reflejo. No apaguen el fuego de nuestra osadía,ni cierren caminos jamás recorridos,que en cada paso late la poesíade lo que aún no se ha concebido. En las sombras del eterno velo danzan,susurros de un eco antiguo en el aire,un misterio que fluye en la brisa suave,origen de sueños que nunca se apagan. Cada pluma, un secreto del cielo oculto,destellos dorados en la noche estrellada,un ojo central que observa sin cesar,donde giran las ruinas de sabiduría eterna. Profundidades azules sus miradas guardan,en sus iris titilan luces de lo inefable,un aura etérea de púrpura resplandece,majestuosa como el firmamento infinito. Corre, vuela, a través del tiempo suspendido,atravesando truenos en un vals silencioso,y cuando la voz resuena en el vacío profundo,se proyecta un eco de lo que no se puede ver. Así, entre lo tangible y lo etéreo se teje,una danza de sombras y luces en el alba,una sinfonía de secretos y murmullos antiguos,guardiana de universos y del alma errante.
Cambiar fondo del poema
Contra el viento de los imposibles,
alzamos sueños hechos de estrella,
las voces que gritan en sombras temibles
no entienden de nuestra centella.
Si otros declaman lo inalcanzable,
déjanos volar sin su consejo,
que en cada caída hay un acto amable,
y en cada intento se forja un reflejo.
No apaguen el fuego de nuestra osadía,
ni cierren caminos jamás recorridos,
que en cada paso late la poesía
de lo que aún no se ha concebido.
En las sombras del eterno velo danzan,
susurros de un eco antiguo en el aire,
un misterio que fluye en la brisa suave,
origen de sueños que nunca se apagan.
Cada pluma, un secreto del cielo oculto,
destellos dorados en la noche estrellada,
un ojo central que observa sin cesar,
donde giran las ruinas de sabiduría eterna.
Profundidades azules sus miradas guardan,
en sus iris titilan luces de lo inefable,
un aura etérea de púrpura resplandece,
majestuosa como el firmamento infinito.
Corre, vuela, a través del tiempo suspendido,
atravesando truenos en un vals silencioso,
y cuando la voz resuena en el vacío profundo,
se proyecta un eco de lo que no se puede ver.
Así, entre lo tangible y lo etéreo se teje,
una danza de sombras y luces en el alba,
una sinfonía de secretos y murmullos antiguos,
guardiana de universos y del alma errante.