El grito del Papa, de Ucrania a Gaza: "Nunca más la guerra"León XIV entonó ayer el rezo de su primer Regina Coeli desde la logia de las bendiciones.En su intervención exigió una paz "auténtica, justa y duradera" para acabar con los conflictos bélicos.Lo entonó con tal contundencia que tuvo el respaldo inmediato de cuantos abarrotaban la Plaza de San Pedro y la Vía della Conciliazione; "¡Nunca más la guerra!". León XIV se estrenó ayer con su primera oración dominical a la Virgen, el Regina Coeli en este tiempo de Pascua, mientras que para el resto del año litúrgico es el ángelus. Y aunque habitualmente lo rezará desde el ventanal del Palacio Apostólico, ayer lo entonó desde la logia de las bendiciones, cuando apenas había transcurridos tres días desde que el pasado jueves se presentó al mundo como nuevo Pontífice de la Iglesia católica. Con más templanza y seguridad que en esa primera aparición pública únicamente con la sotana blanca, el primer Papa norteamericano de la historia retornó el eje central de la súplica lanzada tras la fumata blanca: la paz. Y lo hizo echando mano de la expresión que acuño Pablo VI en su discurso ante la ONU en 1965 y que Francisco hizo también suyo.Más de cien mil personas le acompañaron ayer en la Plaza de San Pedro.El Santo Padre reclamó el retorno inmediato de los niños secuestrados por Rusia.Invitó a los jóvenes a no tener miedo a responder la llamada para ser sacerdotes y monjas.
Cambiar fondo del poema
En la logia resuena un grito
que rompe el silencio y la sombra,
León XIV clama y evoca
la paz que al mundo asoma.
“Nunca más la guerra”, dice,
y el eco retumba en el aire,
de Ucrania a Gaza, un sueño,
un anhelo de amor perenne.
La plaza, un mar de almas,
se une en ferviente ruego,
las voces al unísono cantan
por la paz, justicia y sosiego.
Niños perdidos, regresad,
clama el Papa con todo el alma,
que en el mundo la guerra cese
y germine la esperanza.
Desde la logia, su mirada
abraza al mundo entero,
León XIV, el nuevo faro,
con fe y amor sincero.
Que el mundo escuche su llamado,
que la paz sea eterna y clara,
su voz, un rayo de esperanza,
en el corazón, nunca se apaga.