Que ya no escuchemos voces felices, que nadie alze la vista al cielo buscando esperanza, que este día se maldiga por los que van a despertar al kraken, el rey y su grey, a la reina por fin, la ataron de sus huesos al galeón, yo se que mi hogar será el mar, allí gobernaré.
Cambiar fondo del poema
En el silencio de un día marchito,
las voces felices se pierden en lamentos,
nadie alza la vista al cielo infinito,
esperanza se oculta tras oscuros vientos.
Este día, maldición en los labios resuena,
el Kraken despierta de su sueño abisal,
el rey y su grey navegan sin pena,
la reina atada al galeón, un destino fatal.
Mas yo sé que mi hogar será el mar,
en el tumulto del agua hallaré mi poder,
gobernaré las olas que saben contar,
historias de libertad, aún por renacer.