Antes que las nornas tejieran sus hilos, Tú estabas destinada a mí.La noche fue testigo de nuestro amor.El viento acariciaba nuestros sueños secretos.Tú, la melodía Que mi corazón entonó, La razón de mis risas, El refugio en mi dolor. Cada instante contigo Es un verso eterno, Pintando de colores Mi desierto interno.Navegamos la noche, Con el alma desnuda, Bailando entre las olas, Sabiendo que siempre, Desde el inicio del tiempo, Tú y yo, eternamente, Estuvimos destinados.
Cambiar fondo del poema
Antes que las nornas tejieran sus hilos,
tu destino y el mío ya se habían entrelazado.
La noche, con su manto oscuro y brillante,
fue testigo de nuestro amor silente.
El viento susurraba a nuestros sueños,
secretos que el alma revelaba.
Tú, la melodía que mi corazón entonó,
la razón de mis risas y refugio en mi dolor.
Cada instante compartido,
un verso eterno en el vasto mar del tiempo,
pintando de colores vivos
mi desierto interno.
Navegamos la noche con el alma desnuda,
bailando entre olas de esperanza,
sabiendo que desde el inicio de los tiempos,
tú y yo, eternamente,
estuvimos destinados a encontrarnos.