Si mis piernas se cansan, haré que no descansen, si los dioses no sangran, haré que desangren, estoy condenado a ser el más fuerte, Si mi destino está escrito en roca. Destruiré esa roca con mi propios puños hasta que sangren y ya no halla ni un solo pedazo de ella. Y escribiré mi propia historia desde cero con mis manos destruidas y ensangrentadas. Y la primera palabra escrita será... Nadie decide el destino de este hombre... Nadie más que el mismo. Y así es como regreso de dónde Dios lo dejo aplastado, pero no regreso por venganza sino por justicia Y así nació el juicio de Dios. Y de hay nació la pregunta más sonada para los que llevan el mismo nombre que este hombre... Si cristo era bueno... Y lucifer era malo... Entonces que es Cristofer?
Cambiar fondo del poema
Con pasos firmes aunque cansados,
haré que no descansen mis anhelos;
si los dioses callan su estrepito,
haré que se quiebre su silencio.
Con mis puños forjaré mi historia,
sobre la roca escrita del destino;
el mármol será polvo y cenizas,
mis manos, el cincel divino.
Escribiré con sangre y fuerza,
"Nadie más decide sobre mi ser";
y con justicia en vez de venganza,
renaceré donde otros ven caer.
De las ruinas del juicio despierto,
nace la pregunta en el aire libre:
si Cristo era santo y Lucifer oscuro,
¿qué será el hombre llamado Cristofer?
En la búsqueda de su verdad,
recorre caminos de luz y sombra;
no hay senda trazada que lo frene,
pues él mismo es quien la nombra.