En el rincón de un instante fugaz,
surge un lazo sin razón ni señal,
donde las almas se encuentran sin más,
sin huellas, sin mapas, sin qué buscar.
Brota un río de risas y sueños,
cual sol en la bruma, sin previo aviso;
ecos de vidas que bailan al viento,
en un diálogo eterno y preciso.
No hay que entender, ni preguntar,
cuando el susurro se vuelve canción;
así la amistad empieza a brillar,
como un misterio en el corazón.