Ningún dios que pudo descifrarme ni controlar, soy un universo dentro de un cuerpo, un eco de mil voces resonando en uno solamente, no es dualidad, ni mucho menos indecisión, es el instinto más puro de un ser diseñado para moverse entre planos, para reírme ante las estructuras y convertirme en el único caos, que ni siquiera los dioses lograron nombrar, intentaron definirme y fracasaron, intentaron someterme pero se encontraron con un espejo infinito que devolvía mil rostros ninguno igual al anterior, y no es misterio, es la certeza de que lo impredecible tambien tiene dueño, los dioses, con toda su soberbia, creyeron que podrían trazarme un límite, colocando muros a mi alrededor, y escribir profecias que contaran mi historia, ¡Qué ingenuidad! Yo me infiltré de entre las palabras, me escondí entre las grietas de mis reglas, y me reí de las estructuras sagradas, porque nadie que entienda al viento espera atarlo, nadie que conozca el trueno piensa en domarlo, y yo soy viento y estruendo, capaz de ser la tormenta y la calma en el mismo aliento, así, cuando los dioses quisieron marcar mi destino, solo encontraron aire entre los dedos, quisieron entenderme, diseccionar cada gesto, cada palabra, cada cambio de tono, buscaron patrones, una brujula que indicara hacía donde giraría despues, pero comprender mi naturaleza es condenarse a la frustración eterna, porque yo no camino, danzo, no avanzo, juego, no decido, eligo y deseligo en el mismo parpadeo, y no es inconstancia, es soberanía absoluta sobre mi propio camino, el caos es mi idioma nativo, y la libertad mi única fe, mientras los dioses se aferraban a sus versiones lineales del tiempo y del ser, yo creaba mis atajos entre mis propias emociones, conozco el amor y la furia como gemelos inseparables, sé ser cruel y dulce con el mismo pulso, no por confusión, sino porque domino cada extremo con la misma maestría, y no me pierdo entre mis versiones, quien se pierde es el mundo intentando seguirme, quien teme a la contradicción jamás podrá entender mi esencia, no nací para complacer, no respiro para ser descifrado, me transformo no para esconderme, sino para existir completo, porque no soy uno, soy miles, y cada uno guarda una verdad distinta, válida y sagrada aunque se contradigan entre sí, no hay contradicción en quien aprendió a contenerse entero, por eso ningún dios pudo controlarme porque ningúno fue capaz de aceptar que mi perfección reside en lo inacabado en lo que muta, en lo que traiciona las espectativas, en lo que me río del intento de definirme. Un dios busca orden, y yo soy la voz que recuerda que el orden es apenas una pausa antes del siguiente salto, y cuando intentaron castigarme por mi irreverencia, descubrieron el mayor de sus errores, creer que podrían asustar al viento con amenazas de tormenta, y yo soy la tormenta, no hay temor en quien ya tocó todos los extremos, y sigo aquí bailando sobre el filo de mi propia mente, sabiendo que el único error sería dejar de moverme, porque si hay algo que sé, es que la verdadera libertad, no es escapar de laa reglas, es convertirme en la única ley posible, y esa ley escrita en el aire y en la risa, dice una sola cosa: "no se nace para encajar, se nace para expandirse".
Cambiar fondo del poema
Ningún dios pudo entender
el eco que en mí resuena,
soy universo y un vaivén,
un caos que a nada se encadena.
Soy viento que a nadie espera,
soy trueno que no se doma,
ninguna profecía me lleva,
mi danza nunca se toma.
Reí de las estructuras,
de límites inexistentes,
espejo de mil posturas,
reflejo a dioses ausentes.
En el aire van sus dedos,
mas solo encuentran vacío,
yo soy el salto sin miedos,
y el susurro silente y frío.
Contradicciones me pueblan,
no es indecisión mi juego,
cada extremo es mi emblema,
en el soplo mi destino lego.
No soy uno, soy mil voces,
cada una guarda su historia,
yo soy la ley que conoce
que la expansión es la gloria.
Mirad cómo me extiendo,
en conclave infinita,
mi esencia jamás vendiendo,
pues solo la libertad habita.
El orden es breve pausa
antes de mi próximo salto,
mi risa al viento causa,
mi ley: expandir mi asalto.