En la ribera, maestro y alumno, el rĂo hablante susurra consejo. Con colador en mano, corre el joven, agua y sabidurĂa escapan con reflejo. Pregunta el alumno, libros olvidados, "ÂżPor quĂ© leer, si se pierde el saber?" El maestro responde sin palabras, con mirada que invita a comprender. Vuelve y vuelve, el colador brilla, limpio de corrientes, de agua pulido. "AsĂ, lector, tu alma se ilumina, aunque el conocimiento se haya ido." La esencia de leer no es retener, es el alma calmar y renovar. Como el rĂo, la mente ha de fluir, transformarse y con el viento bailar. AsĂ la mente resplandece, nueva, el agua de letras la transformĂł. No llenes la memoria, limpio sea el espĂritu que el amor educĂł.