No sé si en tu mano nace el verso, si la poesía es tu arte. Sin embargo, eres el poema que vive, un susurro en el pulso del tiempo. Cada tic-tac del reloj es una sílaba tuya, eterna. Tus gestos son versos de Bécquer; tu mirada, una estrofa de Neruda. El aire mismo que te abraza parece nacer de los violines de Vivaldi. Las palabras exactas se revelan en el vaivén de tu risa, mientras mi mirada se pierde en tu armonía. Eres luz que camina sobre la línea de la vida, un deseo que respira en esta crónica atemporal de la alegría.
Cambiar fondo del poema
No sé si en tu mano nace el verso,
si la poesía es tu arte brillante,
mas eres el poema caminante,
un susurro en el tiempo diverso.
Cada tic del reloj, tu palabra,
sílabas eternas al compás,
tus gestos, Bécquer, en un tenaz
soneto, Neruda que la faz labra.
El aire mismo que te acaricia
nace de un violín en primavera,
palabras exactas, una milicia
que tu risa dulce reverbera.
Eres luz sobre la línea del ser,
deseo que en crónicas grita,
armonía que eternamente se repita.
En tu mirada, mi anhelo al amanecer.