El paraíso del alma es la razón satisfecha; su infierno es la locura irritada. El Dios de la razón es, él mismo, la razón luminosa de las cosas. El dios de la locura es la sin razón oscura de los sueños. Decir que Dios se revela a la locura para confundir la razón, es como si dijera que el sol se revela a la noche para confundir la luz. Dios se revela por leyes y en leyes que no cambian jamás. El es implacable porque no se irrita jamás. No sabría perdonar porque jamás se venga. El mal no es más que el aborto del bien. Se puede morir a consecuencia de un aborto y si la mujer lo ha provocado por imprudencia, está ya bastante castigada. El diablo es la locura atribuida a Dios. Es Dios que parece afirmarse malvado mediante un plenipotenciario surgido de la pesadilla de la locura humana. El milagro es la locura atribuida a la naturaleza. La naturaleza no podría infringir la menor de sus leyes sin caer toda ella en la demencia. Si un solo grano de polvo pudiera moverse contrariamente a las leyes de la atracción y de la gravedad, la cadena de la armonía universal se quebraría y nada del mundo subsistiría más. La Biblia es la filosofía de los antiguos, escrita en enigmas y en parábolas a la manera de los poetas orientales. La Cábala es la fórmula cifrada de la hipótesis divina. Los misterios son los teoremas de su álgebra. Es simple como dos y dos son cuatro, clara como las cuatro reglas de la aritmética y obscura para los ignorantes como la tabla de logaritmos o el binomio de Newton.
Cambiar fondo del poema
En el rincón del alma, la razón despierta,
donde el paraíso de certezas se acomoda,
al llanto de la locura se cierra la puerta,
pues su fuego es la furia que no se poda.
Dios, en su esencia, es luz en cada ley,
implacable y sereno, nunca se irrita,
el mal es solo sombra que al bien rodea,
un sueño errante que jamás resucita.
La locura, el delirio que al cielo engaña,
es demonio hecho eco de mentes febriles,
el milagro, la ilusión de leyes en saña,
rompería el universo en mil perfiles.
La sabiduría antigua, en enigmas calla,
como versos sagrados de poetas lejanos,
la Cábala guarda lo que el tiempo avalla,
sus misterios, simples en manos de sabios humanos.