Decir que Dios se revela a la locura para confundir la razón, es como si dijera que el sol se revela a la noche para confundir la luz.
Cambiar fondo del poema
Dios se oculta en lo absurdo,
donde rozan los bordes del saber,
en un cosmos donde la risa
es la clave para comprender.
La razón, con su mapa certero,
se tambalea en la bruma sin fin;
las estrellas danzan al unísono
en el vasto y divino confín.
Si el sol hablara a la noche,
sería un susurro en el edén,
confundiendo la luz con el sueño,
tejidos juntos al amanecer.
Así, en locura y en sombras,
se dibuja la verdad en la faz,
y la razón, rendida ante el vasto,
se convierte en amante fugaz.