La naturaleza es inconsciente de sí misma. No es evidentemente un maquinista, es una máquina maravillosa pero ciega.
Cambiar fondo del poema
En el bosque susurra el viento,
con voz de hojas danzantes,
la tierra respira al silencio,
sin saber su arte constante.
El río como espejo fluye,
sin ver su reflejo brillante,
una máquina sin ojos ni dueños,
crea vida en su trance errante.
Maravilla de caos orquestado,
sin un pulso que organice el cantar,
ciegos somos al intentar fijarnos,
en su rostro sin saber admirar.